…y cito textualmente

Bula del Papa Bonifacio VIII  “Unam Sanctam” (1302):

“La fe nos obpapabonifacioliga a creer y afirmar una sola Iglesia Santa Católica y Apostólica, y nosotros así simplemente lo creemos y confesamos, fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados, como lo proclama el esposo en los Cantares: <<Mi paloma, la perfecta, es una sola. Ella es la única de su madre, la preferida de la que la engendró >> (Cantar 6,8). Esta figura representa a un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la de Cristo es Dios… Así pues, la única Iglesia sólo tiene un cuerpo y una cabeza, no dos cabezas como un monstruo, a saber, Cristo y Pedro, el vicario de Cristo y el sucesor de Pedro, ya que el Señor dijo a Pedro: <<Apacienta a mis ovejas>> (Juan 21,27). Mis ovejas, dijo, en general, no en particular éstas o aquellas, por lo que se entiende que se las encomendó todas. Por tanto, si los griegos y otros dicen que no están encomendados a Pedro y a sus sucesores, es necesario que confiesen que no son de las ovejas de Cristo, puesto que el Señor dice en Juan que hay un sólo rebaño y un sólo pastor (Juan 10,16).

Las palabras evangélicas nos enseñan que en esta potestad hay dos espadas: la espiritual y la temporal… las dos están en poder de la Iglesia, la espada espiritual y la material. Ésta ha de ser usada a favor de la Iglesia, aquella ha de ser usada por la misma Iglesia. Una por la mano del sacerdote, la otra por la mano del rey y de los soldados, pero por indicación y consentimiento del sacerdote. Conviene que una espada esté bajo la otra espada y que la autoridad temporal se someta a la autoridad espiritual… Conviene que confesemos claramente que la autoridad espiritual aventaja a las temporales… Pues de acuerdo con la verdad, la potestad espiritual tiene que instituir a la terrenal y juzgarla, si no fuera buena… Por lo tanto, si la potestad terrenal se desvía, será juzgada por la potestad espiritual; si se desvía la suprema potestad espiritual, sólo puede ser juzgada por Dios, no por el hombre. Así lo atestigua el Apóstol: <<el hombre espiritual juzga sobre todo lo que no es juzgado por nadie>> (1 Corintios 2, 145). Esta autoridad, aunque se haya dado al hombre y sea ejercida por el hombre, no es humana, si no divina, dada por la palabra divina a Pedro y sus sucesores, confirmada como una piedra en aquel a quien confesó, cuando dijo el señor a Pedro: <<Cuanto atares… (Mateo 16,19). Quienquiera que resista a este poder así ordenado por Dios, resiste a Dios>> (Romanos 13.2), a no ser que imagine, como maniqueo, que hay dos principios, lo cual juzgamos falso y herético, porque, según el testimonio de Moisés, <<Dios creó el cielo y la tierra en el principio >> (Génesis 1,1), no en “los principios”. Todavía más, declaramos, decidimos y definimos que la sumisión al Romano Pontífice es para toda criatura de absoluta necesidad de salvación.

 

Denzinger, Enchiridion symbolorum (1953)

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