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… y cito textualmente

“Cuán loable es en un príncipe mantener la palabra dada y comportarse con integridad y no con astucia, todo el mundo lo sabe. Sin embargo, la experiencia muestra en nuestro tiempo que quienes han hecho grandes cosas han sido los príncipes que han tenido pocos miramientos hacia sus propias promesas y que han sabido burlar con astucia el ingenio de los hombres. Al final han superado a quienes se han fundado en la lealtad.

Debéis, pues, saber que existen dos formas de combatir: la una con las leyes, la otra con la fuerza. La primera es propia del hombre; la segunda, de las bestias; pero como la primera muchas veces no basta, conviene recurrir a la segunda. Por tanto, es necesario a un príncipe saber utilizar correctamente la bestia y el hombre. Este punto fue enseñado veladamente a los príncipes por los antiguos autores, los cuales escriben cómo Aquiles y otros muchos de aquellos príncipes antiguos fueron entregados al centauro Quirón para que los educara bajo su disciplina. Esto de tener por preceptor a alguien medio bestia y medio hombre no quiere decir otra cosa sino que es necesario a un príncipe saber usar una y otra naturaleza y que la una no dura sin la otra.

Estando, por tanto, un príncipe obligado a saber utilizar correctamente a la bestia, debe elegir entre ellas la zorra y el león, porque el león no se protege de las trampas ni la zorra de los lobos. Es necesario, por tanto, ser zorra para conocer las trampas y león para amedrentar a los lobos. No puede, por tanto, un señor prudente -ni debe- guardar fidelidad a su palabra cuando tal fidelidad se vuelve en contra suya y han desaparecido los motivos que determinaron su promesa…

(…) No es, por tanto, necesario a un príncipe poseer todas las cualidades anteriormente mencionadas, pero es muy necesario que parezca tenerlas. E incluso me atreveré a decir que si las tiene y se las observa, siempre son perjudiciales, pero si aparenta tenerlas, son útiles. (…) pues los hombres en general juzgan más por los ojos que por las manos, ya que a todos es dado ver, pero palpar a pocos.”

Nicolás Maquiavelo, “El Príncipe” (1531)

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Y cito textualmente…

“La naturaleza ha hecho a los hombres tan iguales en sus facultades corporales y mentales que, aunque pueda encontrarse a veces un hombre manifiestamente más fuerte de cuerpo, o más rápido de mente que otro, aun así, cuanto todo se toma en cuenta en conjunto, la diferencia entre hombre y hombre no es lo bastante considerable como para que uno de ellos pueda reclamar para sí beneficio alguno que no pueda el otro pretender tanto como él. Porque en lo que toca a la fuerza corporal, aun el más débil tiene fuerza suficiente para matar al más fuerte, ya sea por maquinación secreta o por federación con otros que se encuentran en el mismo peligro que él. (…)

De esta igualdad de capacidades surge la igualdad en la esperanza de alcanzar nuestros fines. Y, por lo tanto, si dos hombres cualesquiera desean a la misma cosa, que, sin embargo, no pueden ambos gozar, devienen enemigos; y en su camino hacia su fin (que es principalmente su propia conservación, y a veces sólo su delectación) se esfuerzan mutuamente en destruirse o subyugarse. (…)

Así pues, encontramos tres causas principales de riña en la naturaleza del hombre. Primero, competición; segundo, inseguridad; tercero, gloria. (…)

Consecuencia de esta guerra de todo hombre contra todo hombre es también que nada puede ser injusto. Allí no caben las nociones de bien y mal, de justicia e injusticia. Donde no hay un poder común, no hay ley. Donde no hay ley, no hay injusticia. En la guerra, la fuerza y el fraude son las dos virtudes cardinales. La justicia y la injusticia no son una facultad del cuerpo ni de la mente. Si lo fueran, podrían estar en un hombre que estuviera solo en el mundo, como sus sentidos y pasiones. La justicia y la injusticia son cualidades relativas a los hombres viviendo en sociedad, no en soledad. Es consecuente también con la misma condición que no haya propiedad, ni dominio, ni distinción entre lo mío y lo tuyo; sino sólo aquello que todo hombre pueda tomar; y por tanto tiempo como pueda conservarlo. (…)”

Thomas Hobbes, Leviatán. (1651)

¿Qué se esconde “Bajo el Panteón de París”?

Muchos habéis preguntado por qué decidí llamar al blog “Bajo el Panteón de París” y qué historia encierra este nombre.

Bien, antes de desvelaros qué se esconde bajo el Panteón de París -esta vez sin mayúscula-, quería volver a agradecer todos el apoyo que he recibido en esta pequeña (¿o gran?) aventura. La realidad es que, a día de hoy, conseguir hacerse un hueco en la red es verdaderamente complicado. Aun así, gracias a todas esas formas de aportar vuestro granito de arena, pues somos cada día más los que intentamos encontrar respuestas. Cierto es que, cuando uno decide emprender mas cuando de forma altruista se trata, en este mundillo literario-periodístico-divulgativo (no sabría muy bien definirlo) y no eres capaz de conectar con esta gran comunidad, tienes los días contados. Son vuestras lecturas las que nos hacen invertir nuestra energía en hacer lo que más nos gusta: escribir y tratar de aprender juntos; también informar. ¡Ojo! Sin creeros nada. Nunca.

Haciendo hincapié en el célebre Jean Jacques Rousseau y su cita “La juventud es el tiempo de estudiar la sabiduría, así como la vejez es el tiempo de practicarla” diré en mi defensa que -aún- soy joven y me queda mucho por aprender. Pido, por tanto, paciencia si cometo algunos errores en mis artículos, sobre todo en los que doy mi opinión. Espero, a pesar de todo, que sigáis disfrutando tanto como yo de “Bajo el Panteón de París”.

Pero… ¿Qué se esconde Bajo el Panteón de París?

Pues lo que verdaderamente se esconde bajo el Panteón de París son los restos del mencionado Jean Jacques Rousseau, polímata franco-helvético que influyó sobremanera en las ideas que germinaron la Revolución Francesa. Por polimatía se entiende “la sabiduría que abarca conocimientos diversos”, pues éste fue escritor, filósofo, músico e incluso botánico y naturista. Autor de “El contrato social” y “Emilio”, entre otras grandes obras, se le atribuye el término de “voluntad general”, por el que apela al pueblo como soberano. Nació en Ginebra, Suiza, el 28 de junio de 1712 y falleció en Ermenonville, Francia, el 2 de julio de 1778.

No quiero extenderme mucho más, pues será sin duda un gran protagonista en la sección “Y cito textualmente…”, explicaré brevemente las ideas que este romántico dejó.

En su modelo político, Rousseau atribuye al pueblo la función de soberano. A este término no le asigna características que designan a una sola clase o nación, sino la representación de una comunidad de los que desean formar un Estado y vivir bajo las mismas leyes que son la expresión de la voluntad general.

Rousseau plantea, en “El contrato social”, que la comunidad así concebida voluntariamente por los hombres debe ser “capaz de defender y proteger, con toda la fuerza común, la persona y los bienes de cada uno de los asociados, pero de modo tal que, cada uno de éstos, en unión con todos, sólo obedezca a sí mismo, y quede tan libre como antes”. Resume muy bien los esfuerzos de su obra por hacer ver que estableciendo un ente (el Estado), al que ceder la soberanía -que de por sí- reside en el pueblo, sería absurdo poder pensar que se pudiese volver ante los intereses de la “voluntad general”.

No se alinea con ninguna de las organizaciones políticas, por entonces la monarquía o la aristocracia, pero sí que se posiciona en favor de la República, pues en ella las leyes están desarrolladas conforme al orden social, establecido por la naturaleza del pacto social y no por las convenciones humanas de un sólo individuo. Como veis, en esta idea reside potencialmente la idea de democracia. (Rousseau la concebía como un gobierno directo del pueblo. El sistema que defendía se basaba en que todos los ciudadanos, libres e iguales, pudieran concurrir a manifestar su voluntad para llegar a un acuerdo común, a un contrato social: “toda ley que el pueblo no ratifica, es nula y no es ley», explica, «la soberanía no puede ser representada por la misma razón que no puede ser enajenada»).

Esta asociación, que supone el reino de la ley común, obedece por tanto a que el individuo, al entregarse al pacto social, se obedece a sí mismo, ya que las leyes, que se fundamentan en la ya explicada voluntad general, convierten a este mismo ciudadano (a partir de ahora) en legislador, al deliberar públicamente en la creación de las reglas, y, a su vez, en súbdito, al someterse libremente a la obediencia de las mismas. ¡¡Booom!!

¿Qué mejor forma que homenajear al creador de estas ideas?

Feliz paseo.

 

¿Quieres saber más? Resulta que debajo del Panteón de París también se encuentran los restos de Voltaire, uno de los mayores opositores a las ideas de Rousseau, al que incluso le atribuyen el demérito de apartarle de la vida pública durante su intermitente exilio, pues dijo de él cosas tales como “que se valía de la sensiblería y la hipocresía”.

 

…y cito textualmente

Bula del Papa Bonifacio VIII  “Unam Sanctam” (1302):

“La fe nos obpapabonifacioliga a creer y afirmar una sola Iglesia Santa Católica y Apostólica, y nosotros así simplemente lo creemos y confesamos, fuera de la cual no hay salvación ni remisión de los pecados, como lo proclama el esposo en los Cantares: <<Mi paloma, la perfecta, es una sola. Ella es la única de su madre, la preferida de la que la engendró >> (Cantar 6,8). Esta figura representa a un solo cuerpo místico, cuya cabeza es Cristo, y la de Cristo es Dios… Así pues, la única Iglesia sólo tiene un cuerpo y una cabeza, no dos cabezas como un monstruo, a saber, Cristo y Pedro, el vicario de Cristo y el sucesor de Pedro, ya que el Señor dijo a Pedro: <<Apacienta a mis ovejas>> (Juan 21,27). Mis ovejas, dijo, en general, no en particular éstas o aquellas, por lo que se entiende que se las encomendó todas. Por tanto, si los griegos y otros dicen que no están encomendados a Pedro y a sus sucesores, es necesario que confiesen que no son de las ovejas de Cristo, puesto que el Señor dice en Juan que hay un sólo rebaño y un sólo pastor (Juan 10,16).

Las palabras evangélicas nos enseñan que en esta potestad hay dos espadas: la espiritual y la temporal… las dos están en poder de la Iglesia, la espada espiritual y la material. Ésta ha de ser usada a favor de la Iglesia, aquella ha de ser usada por la misma Iglesia. Una por la mano del sacerdote, la otra por la mano del rey y de los soldados, pero por indicación y consentimiento del sacerdote. Conviene que una espada esté bajo la otra espada y que la autoridad temporal se someta a la autoridad espiritual… Conviene que confesemos claramente que la autoridad espiritual aventaja a las temporales… Pues de acuerdo con la verdad, la potestad espiritual tiene que instituir a la terrenal y juzgarla, si no fuera buena… Por lo tanto, si la potestad terrenal se desvía, será juzgada por la potestad espiritual; si se desvía la suprema potestad espiritual, sólo puede ser juzgada por Dios, no por el hombre. Así lo atestigua el Apóstol: <<el hombre espiritual juzga sobre todo lo que no es juzgado por nadie>> (1 Corintios 2, 145). Esta autoridad, aunque se haya dado al hombre y sea ejercida por el hombre, no es humana, si no divina, dada por la palabra divina a Pedro y sus sucesores, confirmada como una piedra en aquel a quien confesó, cuando dijo el señor a Pedro: <<Cuanto atares… (Mateo 16,19). Quienquiera que resista a este poder así ordenado por Dios, resiste a Dios>> (Romanos 13.2), a no ser que imagine, como maniqueo, que hay dos principios, lo cual juzgamos falso y herético, porque, según el testimonio de Moisés, <<Dios creó el cielo y la tierra en el principio >> (Génesis 1,1), no en “los principios”. Todavía más, declaramos, decidimos y definimos que la sumisión al Romano Pontífice es para toda criatura de absoluta necesidad de salvación.

 

Denzinger, Enchiridion symbolorum (1953)

…y cito textualmente

Sométase todo individuo a las autoridades constituidas; no existe autoridad sin que lo disponga Dios, y, por tanto, las actuales han sido establecidas por él. En consecuencia, el insumiso a las autoridades se opone a la disposición de Dios y los que se le oponen se ganarán su sentencia.

De hecho, los que mandan no son una amenaza para la buena acción, si no para la mala. ¿Quieres no tener miedo a la autoridad? Sé honesto y tendrás su aprobación, pues ella es agente de Dios para ayudarte a lo bueno. En cambio, si no eres honesto, teme, que por algo lleva la espada: es agente de Dios, ejecutor de su reprobación contra el delincuente.

Por eso forzosamente hay que estar sometido no sólo por miedo a esa reprobación, sino también por motivo de conciencia. Y por la misma razón pagáis impuestos, porque son funcionarios de Dios dedicados en concreto a esa misión. Pagad a cada uno lo que le debáis: impuestos, contribución, respeto, honor, lo que le corresponda.”

San Pablo: Carta a los Romanos 13, 1-7. Nuevo Testamento

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Acatad a toda institución humana por amor del Señor, lo mismo al emperador como soberano que a los gobernadores como delegados suyos para castigar a los malhechores y premiar a los que hacen el bien. Porque así lo quiere Dios: que haciendo el bien le tapéis la boca a la estupidez de los ignorantes; y esto como hombres libres; es decir, no usando la libertad como tapadera de la villanía, sino sirviendo a Dios. Mostrad consideración a todo el mundo, amad a vuestros hermanos, respetad a Dios, honrad al Emperador.”

San Pedro: 1 Carta 2, 13-17. Nuevo Testamento

10 frases de Nelson Mandela para la Historia

Nelson Mandela

El estado de Mandela sigue siendo crítico. Son ya nueve los días que lucha por su vida en un hospital de Pretoria en contra de una infección pulmonar, un problema que acarrea desde que estuvo en prisión, donde permaneció 27 años. El ex presidente surafricano, que instauró en su país una democracia multirracial, es conocido mundialmente por su lucha contra el “apartheid”. He querido homenajear su figura trayéndoos diez frases que pasarán a la Historia:

1. “Todo parece imposible hasta que se hace”.

2. “La mayor gloria no es nunca caer, sino levantarse siempre”.

3. “La Educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo”.

4. “Un hombre educado no puede ser oprimido porque es capaz de pensar por sí mismo”.

6. “La democracia exige respetar los derechos políticos de las minorías”.

7. “Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos con mejor posición, sino por cómo trata a los que tienen poco o nada”.

8. “Nadie nace odiando a otra persona por el color de su piel, o su origen, o su religión. La gente tiene que aprender a odiar, y si ellos pueden aprender a odiar, también se les puede enseñar a amar. El amor llega de forma más natural al corazón humano que su contrario”

9. “Yo no tenía una creencia específica, excepto que nuestra causa era justa, que era muy fuerte y que estaba ganando cada vez más y más apoyo”.

10. “He cumplido mi deber para con mi pueblo y para con Sudáfrica. No tengo la menor duda de que la posteridad reivindicará mi inocencia y, del mismo modo, afirmo que los criminales que debían haber comparecido ante este tribunal son los miembros del Gobierno”.

Fuente aquí.

…y cito textualmente

Thomas Hobbes:

“El máximo y principal abuso de la Escritura, del cual provienen casi todos los demás, o al cual sirven, es su manipulación para probar que el reino de Dios, mencionado tan a menudo en la Escritura, es la iglesia actual o la multitud de hombres cristianos hoy vivientes o que, estando muertos, resucitarán en el último día, cuando el reino de Dios fue instituido en primer término por el ministerio de Moisés sobre los judíos exclusivamente, que por ello fueron llamados su pueblo elegido, y que cesó después, con la elección de Saúl, cuando se negaron a ser gobernados en lo sucesivo por Dios y pidieron un rey según el modo de las naciones, cosa que el propio Dios permitió. (…) Y como esa segunda venida no ha llegado aún, el reino de Dios está por venir y no estamos actualmente sometidos por pacto a reyes distintos de nuestros soberanos civiles, exceptuando únicamente que los cristianos ya están en el reino de la gracia en tanto en cuanto poseen ya la promesa de ser recibidos en su segunda venida.

(…) A consecuencia de este error, en cuya virtud la Iglesia actual es el reino de Cristo, debe existir algún hombre, o asamblea de hombres, por cuya boca nuestro Salvador (ahora en los cielos) habla y promulga leyes, y que representa ante todos los cristianos, o diversos hombres, o diversas asambleas, que hacen lo mismo para partes diversas de la Cristiandad. Este poder real bajo Cristo, pretendido universalmente por el Papa, y en repúblicas particulares por asambleas de pastores del lugar (cuando la Escritura lo confiere exclusivamente a soberanos civiles), llega a ser objeto de disputas tan apasionadas que extingue la luz natural, y provoca que una tiniebla tan grande en el entendimiento de los hombres que no ven a quien han prometido su obediencia.

(…) y que todo obispo, sea cual fuere su soberano, hace en su consagración un juramento de obediencia absoluta al Papa. Consecuencia de ello es la doctrina del cuarto Concilio de Letrán, celebrado bajo la presidencia del Papa Inocencio III: <<Que si un rey, bajo la admonición del Papa, no purifica de herejía su reino y es excomulgado por esa causa sin dar satisfacción en el plazo de un año, sus súbditos quedan libres del vínculo de obediencia, entendiéndose por herejías todas las opiniones que la Iglesia de Roma ha prohibido.>>”

 

Tomas Hobbes: Leviatán. (1651)

… y cito textualmente

Justo Lipsio: sobre la prudencia

“Quiero definirla: un conocimiento y discreción de cosas que, así en público como en particular, se han de huir o desear. Dije “conocimiento”, porque ella ve todo (…). Añadí “discreción”, porque hace elección de las cosasm diferenciando con juicios las virtuosas de las que no lo son, y las útiles de las dañosas (…).

La prudencia tiene dos padres, la experiencia y la memoria de las cosas (…). Entiendo por el uso y experiencia una noticia de las cosas humanas por hableras visto y tratado; y por la memoria, una noticia semejante, alcanzada por el oído o por la lectura. La experiencia es más firme y segura, y así ocupa con razón el lugar de padre, porque ella aprende por sus propios daños, y no por los ajenos (…). Quienquiera que quisiere ser tenido por inteligente en negocio civil ha de menester experiencia. La cual todavía tiene esta falta, que no se puede aprender por preceptos o reglas: mas al cabo y a la postre, la edad la acarrea…(…).

Por lo que toca a la memoria, que es el otro padre de la prudencia, no sólo la igualo a la experiencia, sino que en algunas cosas la prefiero, por ser más ordinaria y fácil, extenderse más y acarrear más cosas a la prudencia, y a más personas… la historia, la cual no es otra cosa si no el alma y vida de la memoria. (…) Ella es luz de la verdad y maestra de la vida (…) Pero es necesaria mayormente en los Consejos, siendo la memoria de las cosas pasadas muy útil a las deliberaciones públicas.”

Justo Lipsio (1589)